April 14, 2019

Victory comes through suffering. Passion was not the last word in the life of Christ. It was only the first word of the Holy week that will reach its climax on Easter Sunday. So too, however many of our days seem to end in a depressing way, they are not the last word in our life. Rather, they are only the prelude to triumphs we have yet to experience in this life; and they point to the ultimate victory which will be ours in the next life. Hitting rock bottom in our personal life and falling into the depth of sin must not make us pessimistic. No matter how low we fall, there is always the possibility of rising from it to the heights. Palm Sunday should solidify our hope. Palms should be signs that we are willing to march with Jesus, not only in moments of triumph and glory, but also in times of fall and agony. For the passion and resurrection of Jesus prove that life will prevail over death; that when death has done even its worst, life will still be victorious.

La victoria viene por el sufrimiento. La pasión no fue la última palabra en la vida de Cristo. Fue sólo la primera palabra de la semana Santa que llegará a su clímax el domingo de Pascua. Así también, sin embargo, muchos de nuestros días parecen terminar de una manera deprimente, no son la última palabra en nuestra vida. Más bien, son sólo el preludio de los triunfos que todavía tenemos que experimentar en esta vida; y apuntan a la victoria final que será nuestra en la próxima vida. Tocar fondo en nuestra vida personal y caer en la profundidad del pecado no debe hacernos pesimistas. No importa cuán bajo caemos, siempre existe la posibilidad de elevarnos otra vez. El domingo de Ramos solidificará nuestra esperanza. Las palmas deben ser signos de que estamos dispuestos a marchar con Jesús, no sólo en los momentos de triunfo y gloria, sino también en tiempos de caída y agonía. Porque la pasión y la resurrección de Jesús demuestran que la vida prevalecerá sobre la muerte; que cuando la muerte haya hecho incluso lo peor, la vida seguirá victoriosa.

Fr. Benjamin Hembrom, TOR