December 9, 2018

On this second Sunday of Advent in the Gospel John the Baptist preached repentance, as a way to experience salvation from God, “all the flesh shall see the salvation of God.” Repentance comes from the word, “Metanoia”, which means a change of life.
It means stop living for ourselves, but for God and others which will make difference to our life. Repentance or Metanoia concerns three areas of life, namely our relationship with God, our relationship to others and our relationship to self. About the first we are reminded, “You shall love the Lord, your God with all your heart, with all your soul and with all your strength.” In others words we are supposed to love God above all things. We all have false gods, like material things, our own ego and our pride. God must be first in our lives and therefore we need to find time with God in prayer. The second thing we need to repent is the way we deal with others. Do we use other people as commodities for our own advantage? We are asked to love our neighbor as ourselves. We need to be concerned about making others happy and joyful. The third thing is not to focus on self. The purpose of Christian life is not to focus oneself, but forgetfulness of self. The more we empty ourselves, the more we received from God. This advent is a God-given opportunity to reflect on three different areas of our life and experience real conversion and experience from God the salvation he wants to share in Christ.

En este segundo domingo de Adviento en el Evangelio Juan el Bautista predica el arrepentimiento, como una manera de experimentar la salvación de Dios, “toda la carne verá la salvación de Dios.” El arrepentimiento proviene de la palabra “metanoia”, que significa un cambio de vida.
Significa dejar de vivir para nosotros mismos, pero para Dios y otros que harán la diferencia en nuestra vida. El arrepentimiento o metanoia se refiere a tres áreas de la vida, es decir, nuestra relación con Dios, nuestra relación con los demás y nuestra relación con nosotros mismos. Sobre el primero se nos recuerda: “Amarás al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” En otras palabras, se supone que amamos a Dios por encima de todas las cosas. Todos tenemos dioses falsos, como las cosas materiales, nuestro propio ego y nuestro orgullo. Dios debe ser el primero en nuestras vidas y por lo tanto necesitamos encontrar tiempo con Dios en la oración. La segunda cosa que necesitamos arrepentirnos es la forma en que tratamos con los demás. ¿Usamos a otras personas como mercancía para nuestra propia ventaja? Se nos pide amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Debemos preocuparnos por hacer felices y alegres a los demás. La tercera cosa es no centrarse en sí mismo. El propósito de la vida cristiana no es centrarse, sino el olvido de sí mismo. Cuanto más nos vaciamos, más recibimos de Dios. Este advenimiento es una oportunidad dada por Dios para reflexionar en tres áreas diferentes de nuestra vida y experimentar la conversión real y la experiencia de Dios la salvación que quiere compartir en Cristo.

Fr. Mathew Kavipurayidam, TOR

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